SERIES | HIP-HOP EN EL COLORIDO UNIVERSO DE LURHMANN
El director de Moulin Rouge entrega una serie repleta de buena música, historia hiphopera y una vuelta a los años ‘70.
—Por Belén Ladaga—
The Get Down es un cuento de fantasía, una realidad adaptada a un universo de colores propio del director Baz Lurhmann, una historia plagada de buena música y detalles visuales que encapsulan, y una vuelta al nacimiento del hip-hop, allá por los años 1970 en el Bronx.
La
serie es protagonizada por Ezequiel "Zeke" Figuero (Justice Smith),
un descendiente de afroamericanos y latinos, prodigio en su habilidad para
armar rimas; Shaolin Fantastic (Shameik Moore), un joven huérfano con habilidad
para los negocios turbios y un sueño de ser DJ y heredero de Grandmaster Flash,
padre del hip-hop; Mylene Cruz (Herizen F. Guardiola) de herencia puertorriqueña
y con una convicción completa de ser la próxima gran estrella del disco al
mejor estilo Donna Summer, y Marcus "Dizzee" Kipling (Jaden Smith),
un artista graffitero con amor por la
lucha con aerosoles, y excusa perfecta para introducir el arte callejero en la
serie.
La
serie, que presentó hace poco una segunda temporada que supera ampliamente a la
primera, es una fórmula que funciona y madura con el tiempo, elevando su
calidad y ennegreciendo una historia que da para hablar con temáticas que eran
propias del Bronx (y lo siguen siendo): drogas, hambre, pobreza y corrupción.
De forma directa, pero algo divertida, una realidad pasada es introducida al
espectador de la mano de un grupo de música, The Get Down Brothers, que
pretende conquistar el mundo.
A
nivel trama, es un buen mix entre la realidad y la fantasía,
reuniendo personajes puramente ficcionales, como Ezequiel y The Get Down Brothers, con
personajes que realmente existieron y fueron clave en el nacimiento del hip
hop: Grandmaster Flash, DJ Kool Herc, y hasta Afrika Bambaataa que es nombrado
esporádicamente. También es real la forma en que se desarrolla el nacimiento
del Hip-Hop, hijo de la música Disco y de las habilidades de los DJ que sólo
buscaban un buen beat y poco canto,
además de talentosos raperos que decidieron que la mejor manera de luchar
contra el abandono del Bronx y de los barrios aledaños a Manhattan era, no si la violencia, las
palabras.
The Get Down es una serie que,
aunque tratando el tema de la integración y el racismo, no lo toma como tema central,
y eso ya es un gran logro. El nacimiento del hip-hop tiene mucho que ver con
una lucha racial y una protesta social, pero The Get Down logra rescatar algo más: la energía de la juventud,
las ganas de hacer, los proyectos frustrados, la ambición de la juventud que
nos hace creer reyes del universo y que todo es posible.
Quizá uno de sus puntos más débiles sea el excesivo romanticismo, casi
rayano en lo empalagoso y delirante, de la relación entre Ezequiel y Myline, cuyos
roles a veces los distancia en madurez y edad y quedan descolocados, además que
no suman ninguna particularidad novedosa a una serie que, sin duda, no necesita
un culebrón para ser interesante.
La serie tiene un fuerte contenido estético, propio del director (que
también dirigió la mítica Moulin Rogue y El Gran Gatsby), y es evidente en cada
cuadro, cada plano, vestuarios perfectamente cuidados y unos colores vivos que
adhieren a una gran musicalización general a tono con la época: infaltables Donna Summer, Bee Gees, The Village People,
entre otros.
Compuesta únicamente por dos temporadas, The Get Down es un aperitivo visual que vale la pena consumir. Las
actuaciones en general son muy buenas, así como los personajes, que desde un
inicio tienen un rol muy marcado y si bien evolucionan con el correr de la
historia, mantienen su perfil original y hace fácil identificarse al espectador
como uno de ellos.
Sin dejar nada librado al azar en cuanto a lo visual se refiere, sin
duda es una serie que vale la pena sentarse a ver. Y sí, es probable que se la
consuma toda en un mismo día. Máximo, dos.
Ilustración original por Gastón Mengo.







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